preloder

Código de Ética

Código de Ética

PRÓLOGO A LA EDICIÓN 2019

En el momento de escribir este prólogo, nuestro país se encuentra envuelto en intensas manifestaciones sociales que abogan por cambios estructurales en el pacto social que deberá regir las relaciones entre los ciudadanos. Nuestra Orden no ha estado ajena a tales reivindicaciones, pues una de las temáticas recurrentes en estas manifestaciones ha sido la necesidad de introducir cambios profundos en nuestro sistema de salud, inmerso en la actualidad en una lógica excesivamente mercantilista.

Las transformaciones que la ciudadanía y, por cierto, gran parte del cuerpo médico reclaman en el ámbito sanitario, hacen necesario revisar nuestro rol en la sociedad contemporánea, reponiendo en el centro de nuestro ejercicio profesional la finalidad primigenia de nuestra actividad: “el respeto a la vida y a la persona humana”, “el decoro, la dignidad y la integridad moral en todas sus acciones, y “el bien superior del paciente”, como reza el preámbulo de nuestro Código de Ética, objetivos que, muchas veces, suelen quedar relegados ante otros intereses secundarios.

Desde que asumiéramos la conducción del Colegio Médico de Chile en el año 2017, quisimos relevar, como eje central de nuestro quehacer, la ética médica y la consecuente responsabilidad que el ejercicio profesional conlleva. Cuando hablamos de ello, lo hacemos no solo en un sentido tradicional, centrado en el sujeto imputable y las acciones por él ejecutadas, sino que también en el sentido de accountability, noción que implica no sólo identificar a un individuo responsable, sino que, especialmente, al conjunto de sujetos a quienes el actor o agente debe dar cuenta o responder. Y estando las profesiones al servicio de los ciudadanos, es a la sociedad civil en su conjunto a quien los médicos debemos dar cuenta de nuestras conductas.

En este afán por reponer en el centro de nuestra actividad colegial los fines esenciales que nuestro Código de Ética proclama, es que solicitamos al Departamento de Ética del H. Consejo Nacional de nuestra Orden, en el año 2018, revisar algunas materias reguladas en el referido cuerpo deontológico, cuyo análisis culminó con una propuesta de reforma a disposiciones contenidas en el Título II, (“Deberes generales del médico”); Título IV (“De la publicidad profesional y de la información al público”), y en el Título V (“De las relaciones con empresas de productos clínicos y farmacéuticos”).

Esta necesidad de revisión se vio acelerada con la entrada en vigencia de la Ley N° 21.030, publicada en el Diario Oficial de 23 de septiembre de 2017, que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. La entrada en vigencia del referido texto legal constituye un hito de gran trascendencia, por cuanto, después de transcurridos veintiocho años desde que se modificara el artículo 119 del Código Sanitario, en 1989, prohibiendo toda “acción cuyo fin sea provocar un aborto”, se permitió la interrupción del embarazo por los motivos taxativamente contemplados en la nueva ley.

Es del caso recordar que, desde 1931, con la creación del Código Sanitario, se estableció que, por razones terapéuticas, se podía interrumpir un embarazo o practicar una intervención para hacer estéril a una mujer, procedimientos que requerían de la opinión documentada de tres facultativos.

Más adelante, en 1968, se derogó el Código Sanitario que databa de 1931 y entró en vigencia uno nuevo. En lo relativo a la interrupción del embarazo, este nuevo cuerpo legal estableció que “[s]ólo con fines terapéuticos se podrá interrumpir un embarazo. Para proceder esta intervención se requerirá la opinión documentada de dos médicos-cirujanos” (artículo 119). De esta manera, se redujeron los requisitos del aborto terapéutico, dejando en manos de los médicos la decisión de actuar frente a una situación de riesgo (presente o futuro) de la mujer.

El Código de Ética del Colegio Médico de Chile, por su parte, en la versión vigente desde 1983 y hasta el año 2004, preceptuaba, en su artículo 26, que “[e]l médico debe respeto a la vida humana desde el momento de la concepción”, agregando que “[e]l aborto procede solamente cuando se cumplen las condiciones siguientes: a) Se efectúe como medida terapéutica. b) La decisión sea aprobada por escrito, al menos por dos médicos escogidos por su competencia; y c) La operación sea efectuada por un médico especialista. Si el médico considera que su convicción no le permite aconsejar o efectuar un aborto, él debe retirarse permitiendo la continuidad del cuidado médico con otro médico calificado”.

A partir del año 2004, el artículo 8° del Código de Ética de nuestra Orden dispuso que “[e]l respeto de la vida humana desde su inicio y hasta su término constituye el fundamento básico del ejercicio profesional médico. Toda intervención médica realizada durante los nueve meses de gestación, deberá velar siempre por el mejor interés de la madre y del hijo”.

Así las cosas, habida cuenta de la nueva normativa legal en vigencia en nuestro país, resultaba necesario dilucidar si el cambio normativo introducido en la legislación nacional hacía necesaria la modificación de nuestra normativa deontológica.

Las modificaciones propuestas por nuestro Departamento de Ética fueron sometidas a consulta durante varias semanas entre los médicos pertenecientes a nuestra institución, recibiendo importantes aportes que fueron analizados acuciosamente.

Resulta pertinente señalar que, entre las opiniones recogidas, algunas cuestionaban que se impulsará una modificación a nuestro Código con ocasión de un cambio legislativo, pues la ética no debería estar supeditada a la ley; si así fuera, esta sería suficiente para regular el ejercicio profesional, tornando en innecesarias las normas deontológicas.

Sin embargo, creemos que la nueva redacción que se aprobó para el artículo 8° del referido cuerpo normativo, no sólo pretende ajustarse a la realidad jurídica actualmente existente, sino que a la concepción ética imperante en nuestra sociedad y en los códigos internacionales de deontología médica suscritos por nuestra organización colegial, que recogen, precisamente, la pluralidad de valores de las sociedades contemporáneas.

A este respecto, es del caso recordad que el Título I del Código de Ética del Colegio Médico de Chile, que contiene las normas relativas a su objeto y ámbito de aplicación, según reza, precisamente, su epígrafe, preceptúa que este cuerpo normativo “es el conjunto de disposiciones, inspiradas en principios éticos universales, que regula la conducta del médico en el ejercicio de su profesión y en sus relaciones con la sociedad” (artículo 1°).

Por lo demás, el especial estatus que tienen las profesiones en la sociedad las obliga a cumplir con un estándar ético que excede a la normativa legal, la cual no es suficiente para resguardar la confianza que debe existir entre los que ejercen la profesión y, en el caso de la medicina, sus pacientes.  Así las cosas, no basta con el control legal de las profesiones, sino que es necesario, además, un control ético de ellas, por cuanto el primero es mucho menos exigente que el segundo.

El Departamento de Ética consideró necesario, además, mejorar la redacción de los artículos 48, 50 y 51, eliminar el 52 por innecesario, modificar el epígrafe del Título V, por cuanto los conflictos de intereses de los médicos se extienden también a las empresas de alimentos, y propuso modificar los artículos 54 a 57, con el fin de adecuarlos a los nuevos compromisos suscritos por el Colegio Médico en esta materia, que establecen normas más estrictas que las actualmente vigentes. Sin embargo, muchas de las modificaciones del Título V propuestas por el Departamento de Ética no obtuvieron el quorum necesario de aprobación en nuestro H. Consejo Nacional, por lo que fueron, en definitiva, desestimadas.

Creemos que en materia de conflictos de intereses tenemos aún un camino que recorrer, pues a la luz del derecho comparado, podemos apreciar que las normas sobre esta temática suelen ser cada vez más estrictas y, conductas que hasta hace algún tiempo eran usuales o permitidas, hoy son consideradas ilegítimas.  

Santiago, noviembre de 2019

 

Dra. Izkia Siches Pastén
Presidenta
Colegio Médico de Chile

COLMED INFORMA